martes, 4 de octubre de 2016

Perseverancia

A veces tengo el deseo irrefrenable de dejarme llevar...

De levantarme y saber que mi máxima preocupación será sonreír a los demás si no tengo ganas. De votar a la lista más votada. De ir a espectáculos cuya única defensa es "que lleva celebrándose desde 
el origen de los tiempos". De no cuestionar, ni reflexionar, ni buscar la razón que tantos disgustos me ha dado. De simpatizar conel poder sabiendo que manejan a su antojo los designios de la gente.
De perderme en una marabunta ruidosa y fullera mientras mí, por entonces ya única neurona, canta a coro el nombre de Ronaldo o de Messi. De cambiar de canal cada vez que salen represaliados, 
o víctimas de cualquier desmán en este ancho mundo y regocijarme con las chorradas simplonas de cualquier canal de televisión. De comprar el producto estrella o de ir de vacaciones al sitio donde todo el mundo va...

Entonces, cómo sacada de una película de ciencia ficción, veo un niño triste, una mirada perdida, un suspiro contenido, algún desgraciado buscando en el contenedor de basura de la esquina de mi
barrio, un jovenzuelo con un coche que podría dar de comer a varias familias durante un año, a un gordo cabrón que no le cede el paso al viejecito que se tambalea con una bolsa en cada mano, al necio
imbuido de un ego que no se merece, al que dice ¡cállate zorra!, a la niña perdida en la mirada sin fondo de la mujer que me cruza...

Y en esos momentos es cuando una energía que sale de lo más hondo de mi ser me contagia y reconforta sabiendo que no podemos tirar la toalla , que hay muchas batallas, aún, que librar, que mientras que haya fuerzas no cederemos ante los desmanes de los que deshonran la memoria
de la humanidad, que hay que levantarse pese a los huesos doloridos y los cardenales misteriosos para volver a caer una y mil veces si es necesario. Que no vencerán porque está en nuestra naturaleza no 
rendirse y perseguir la justicia, a pesar del tamaño del enemigo. Que tal vez pasen cien o mil años pero que al final, venceremos. Porque nuestro destino no es la destrucción, sino todo lo contrario. Que la esperanza es sinónimo de victoria y que está nos acompaña pese a que no la veamos, porque sus genes están en nuestra sangre.

Ani.

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