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martes, 7 de mayo de 2013

Indignado? ¡No! ¡Indignadísimo!






Acabo de escuchar la noticia del desahucio de una mujer y sus tres hijos en Albacete. La noticia es de hace una semana y el enlace de la noticia es este. 

No deja de ser otro desahucio más en una sociedad sin el más mínimo atisbo de ética hacia el ser humano. Conforme la noticia corroe mis entrañas no puedo dejar de pensar en los lujuriosos intereses económicos que hay tras ella. Al mismo tiempo, me acuerdo de mis hijos y de la inocencia que irradian a esa temprana edad que todo les afectará para el futuro.




Lo cierto, es que más que indignado me siento enfurecido, no solo con el hecho en sí del desahucio, sino conmigo mismo. Debería haber estado allí, no creo que hubiera influido en el resultado final de esta injusticia, pero uno debería de pelear por este tipo de hechos aunque para ello tengamos que dejarnos la piel.


Soy padre de tres hijos, y está claro que el padre de los niños desahuciados no levantará una mano por ellos, de hecho, si leéis la noticia  tiene gran parte de la culpa del desahucio. Ningún niño "huérfano de padre" debe quedar desvalido ante los abrazos de la oscuridad social que se cierne sobre nuestros hijos. A los padres de esta época nos tocará levantarnos y luchar si queremos un futuro para los nuestros. Tengo mucho que perder, pero mucho más que ganar, la recompensa es incluso más loable que la mera supervivencia.

Lo que ha ocurrido hoy en Albacete se puede amortiguar, disimular o ignorar, pero la puñetera realidad; es que  ni los jueces, ni los bancos, ni las plataformas anti-desahucios y/o vecinos han podido evitar. Una acción injusta e inhumana que no se sustenta en ningún estado social o religioso que tenga un mínimo de decencia humana.... ¿qué hacemos?,  ¿hacia dónde se dirige nuestra sociedad?,  ¿dónde están los valores que tanto nos restriegan los políticos, la religión, la familia...?. Vivimos una gran mentira que nos enquista en el sofá de casa, una cáncer que acabará por devorarnos desde dentro y que no dejará huella de nuestros paso por la existencia. De nosotros depende que el mal no venza, y para ello tendremos que poner más de nuestra parte; hay que ser pro-activos, implicarnos en este sin sentido, pelear pese al tamaño del enemigo;  caer y volver a levantarse más fuerte, no debemos tener miedo de pelear contra las injusticias, ya antes, otros mejores que nosotros lo hicieron y ganaron. Así es como se forja una sociedad más justa, fuerte y perecedera... "Sangre, sudor y lágrimas", eso es lo que nuestros hijos esperan de nosotros.



Un saludo.
Ani.




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